Desde hace unas décadas atrás, la mejor literatura del continente europeo, o dicho de otro modo, la literatura que más me interesa, se está escribiendo desde Europa central, si es que alguna vez no ha sido así. Tal vez exagere, o tal vez, el negocio editorial en España esté en declive, en un declive que suma derrota tras derrota, primando las ventas frente a la calidad literaria. Pongo por caso, no ya a Kafka, por demasiado obvio, sino también a Broch, a Walser, a Canetti, a Benjamin, a Musil, a Rilke, a Cioran, a Hrabal, no sé, tantos y tantos, incluso a Lou Andreas Salomé; quizá esté un poco obcecado con la forma de contar de Centroeuropa, porque es la forma de contar, y tal vez la falta de adornos, la que convierte a esa literatura en algo fascinante; tal vez se trate de la falta de sacarina estética a la que tan acostumbrados estamos aquí en la península de los libros vacíos, a esa pátina embellecedora del recuerdo y de las experiencias tipificadas por editoriales miedo...
Versiculos in me narratur scribere Cinna. Non scribit, cuius carmina nemo legit.