El tío Casiano llevaba los mulos al molino cercano y los veía venir de lejos, los gitanos sin camisa, secándose la frente con las manos, los sombreros calados, descalzos como mulas, le pedían siempre algo a Casiano, y este les daba tabaco de picadura, y mi abuelo muerto les daba un cuscurro de pan que se comían con las manos abiertas para que no se cayese nada al suelo. De vuelta al pueblo se los volvían a encontrar renegridos en el estercolero adonde la genta arrojaba los animales muertos, los veían coger las gallinas difuntas, despeluchadas, ya mojamas en el solano de la alta Andalucía para hacer un caldo. Padre dice que no se acuerda, pero muchas veces ellos iban en los serones de los mulos con trigo para el pan en harina convertirla, parecía una eucaristía rural, una conversión simple, el grano en harina y esta en pan, o cuscurro, el que le daban a los gitanos era una especie de trabajo litúrgico, una suerte de conversión inscrita, indomables, los caminos, sin miedo, mie...
Versiculos in me narratur scribere Cinna. Non scribit, cuius carmina nemo legit.