Hay personas, aventuro, diseminadas por diferentes tiendas y centros comerciales, esas que van con perrito bichón, o esos bodegueros tan estimables, siempre marrones y fotografiables. Personas que miran con desgana la ropa aburridas, que tocan el producto, comprobando la lisura de un tarro de porcelana, la rugosidad palpable de una prenda de ropa; incluso hacen cola detrás de ti, y fingen hablar por teléfono con sus hijas de Erasmus en un país muy frío. Te dejan oír lo mucho que las echan de menos, o dicen que pronto se mudarán a la casa de verano, con piscina inmaculada y tumbona de nogal donde acariciarán al perro. Personas, aventuro, que se colocan debajo del foco de luz que ilumina su calavera frente al espejo y que llevan un vestido macramé de la temporada pasada de ese mismo almacén en donde tú estás ahora. Personas que se detienen contigo y te saludan y te preguntan por los hijos y quieren saber cuándo te vas tú a la casa de campo a pasar el rigor de estos calores est...
Versiculos in me narratur scribere Cinna. Non scribit, cuius carmina nemo legit.