El libro rojo
Iván Humanes
Libros del Innombrable
"Odiamos tanto a Daryl Hannah"
He notado una tendencia a lo apocalíptico en los últimos meses en literatura, imagino que se debe a la sensación de final de época, de cansancio generalizado ante los vaivenes de una política cambiante donde impera el deseo personal por encima del interés general. Así le pasaba a los personajes de Arca de Menéndez Salmón, o a la novela de Moyano El mundo acabará en viernes.
A esta nueva entrega de Iván Humanes le sucede algo parecido. Debe ser el imaginario colectivo de los creadores, el caldo de cultivo ideal para hacer catarsis en una Europa que se radicaliza y que ya no es ni será lo que fue, y el bufón, a la postre, que dirige el mundo sin criterio.
Los trece relatos de Humanes en El libro rojo se adentran en la distorsión. No hablan de una distopía más o menos plausible, sino que están ya instalados en esa distopía, una, además, que es común a todos los textos que se presentan en este volumen. No hay una transformación de lo real en lo fantástico, lo fantástico es lo real. Estamos ya en esa otra parte del espejo.
El mundo propio de Humanes ha fagocitado y metabolizado muy bien las influencias clásicas del terror fantástico: desde Lovecraft hasta J.G. Ballard, pasando por Aleyster Crowley, y también por el cómic, el hentai, cuyas referencias aparecen por doquier en la valencia específica de su literatura.
Una literatura que problematiza la realidad. Que se instala en la incomodidad. Una incomodidad que procede de ese malestar al que estamos asistiendo impasibles, donde las grandes corporaciones dirigen los hilos de los que están en el poder.
Humanes lo explica todo en el Prólogo, Proposiciones mesméricas, todo se detalla, lo que después va a suceder y los dioses a los que se paga tributo. Las incisiones, los cortes, los sacrificios, las deidades que pueblan el mundo. El de Humanes es un mundo sensible, está ahí, se puede ver para aquellos que quieran, a través de estas puertas, del ojo que todo lo ve, de hecho, el libro viene con una lámina de la artista Susana Pozo, Exvoto, que representa la materia y la forma, la llave y la puerta de entrada, donde lo terrorífico se hace cotidiano, el bebé del kraken, la figura mitológica de una sirena, los procedimientos de la muerte, la sangre votiva de un sacrificio ritual en horario de oficina.
Todos estos temas estaban ya presentes en el anterior libro de Humanes: Teoría del gran infierno, (2024).
Interesante la dicotomía entre "lector-escritor y mártir-verdugo". Para Humanes es una relación fundamental, el hecho de consumir sus textos es ablandar la carne para el sacrificio humano, para la consumición de la hostia macabra.
El sacrifico purifica.
Las amputaciones sirven para alimentar a los monstruosos peces y así rebajar tu condena, aplíquese esto como se quiera. Sísifo endiablado de la posmodernidad.
"He visto individuos inteligentes salir con una pierna de menos.[...] Mejor prescindir de una parte del cuerpo que pueda sustituirse por medios mecánicos, o una falta que se solucione con una simple muleta."
Dos tristes oficinistas han vislumbrado otra realidad a la que se accede por la muerte.
Dos sirenas copulan con tritones en una clase de aquagym. Una pareja tienen un bebé kraken. Estudiosos de la Cábala y la Divina comedia.
Todo es posible en el mundo abigarrado y fortuito de Humanes, todo pasa por un motivo.
La relación amorosa entre Oswald y Jackie Kennedy antes de ser asesinado.
El despedazamiento de una sirena durante la gran cópula.
Humanes inventa mundos y su liturgias de dolor y sangre, mundos veraces que se parecen tanto a este terror cotidiano de IA y de políticos ultraprocesados, de mapas y demonios transidos de dolor y escarnio.
Inspectores de Hacienda que vienen a trabajar a tu casa para buscar pruebas que te incriminen en un estado suicida y déspota donde las leyes protegen a los que las incumplen.
Se mezcla el dolor de Raskolnikov con los complejos de Kafka.
Un mundo diseñado para Barbie y para sirenas falsas que copulan con tritones con brilli brilli.
El mundo de El libro rojo está sucediendo en algún lugar, casi aquí mismo, cerca, en una película que no hemos visto, en un vecindario que se parece al nuestro y donde ya refleja las luces cotidianas del advenimiento. Un advenimiento de Daryl Hannah cuando hacía de sirena en Splash, o como replicante de Blade Runner. Debéis estar preparados para este otro tipo de literatura que supera el humor negro, la ciencia ficción y en donde los visceral domina la escena. Humanes es el profeta del terror-ficción.
Todo sucede en una gran ciudad informe, mezcla del kitsch de Oropesa del Mar, con el mal gusto estético y la música en la calle de esa Tailandia europea de Benidorm, una ciudad que nadie sabe dónde empieza o cuándo acaba, en donde siempre puede haber una hecatombe humana.
El escritor junto a otros muchos escritores encerrados en una sala para ver quién gana el premio, ¿qué premio? La vida o la muerte. El que deje de escribir recibirá un tiro. Eso es todo.
Viene Bolaño y nos dice que escribir no es normal y el escritor va en su busca, ¿la verdad se encuentra acaso en la literatura? Aparecen también Hemingway y Robert Walser, y nos dicen cómo desaparecer, ninguno de estos comprendieron el mundo. Alfred Jarry tenía un plan.
"Filas y filas de con escritorios y la luz cegadora del techo. ¿El galardón? Publicar el libro.[...]Atrapados en el sueño colectivo. Ya llevábamos dándole a la letra doce horas.. Estábamos vigilados por un grupo nutrido de soldados con sus trajes negros. El primero que rebajaba la cadencia en las teclas recibía el oportuno tiro en la nuca. Doscientas cincuenta pulsaciones por minuto era el mínimo exigible."
Nadie lo sabe, pero escribir no es normal.
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