Prólogo a la reedición de "ahora blancanieves cojea algunas veces de mi mano" de Manuel Lombardo Duro. 1974-2026

ahora blancanieves cojea algunas veces de mi mano

Unión Tipográfica, Jaén, (1974).

Manuel Lombardo Duro



 

Prólogo

Posicionada la estética de Lombardo Duro, (Jaén, 1944), en la encrucijada intelectual de finales de los 60 y comienzos de los 70; situada su poesía tras los restos del naufragio novísimo y la deriva de la estética pop, ya cansada de la imagen y sus recurrencias; superada la escuela del medio siglo que derivase hacia otras sentimentalidades poco productivas. Supera, asimismo, la lírica de Lombardo, ese buenismo neofolclorista asignado por los cánones más reaccionarios a la poética andaluza, a los alargados resabios del Lorca más primero, a la dicción simbolista machadiana del recuerdo.

La solución estética de cierta poesía española de finales de los sesenta, fue, la decantación natural hacia el experimentalismo poético que aparece con los libros de José-Miguel Ullán, sus famosas tachaduras, fotografías retocadas o alfabetos inventados,  o con la poesía visual de Fernando Millán, o con los, cada vez más, complicados artefactos estéticos de Agustín Delgado, que derivó hacia la conjunción de poesía e imagen. Todas estas poéticas intentan superar los estrechos márgenes estéticos fijados para la poesía oficial de final del franquismo, donde se inserta la aparición del poeta Lombardo Duro.

Se debe colocar su poesía entonces entre lo heterodoxo, en la lección aprendida por Ignacio Prat, demasiado experimental, y la poesía del insurrecto Eduardo Haro Ibars y su libro Sex fiction, otro enfant terrible de la lírica de finales del franquismo, y pesadilla de la crítica experimentada, que rechaza las lecciones de la otra poesía, o de la otredad en la poesía. Lección que, como en el caso de Lombardo aún no se ha estudiado bien, por demasiado ajenas a las corrientes ortodoxas, y porque las lecciones las siguen impartiendo los mismos, que nada han aprendido de la revolución poética, la cual,  llevaron a cabo todos estos autores, que entonces, se oponían a un régimen metamorfoseado en otra cosa, pero que no temblaba al apretar el gatillo.

In illo tempore, sí era peligroso escribir y publicar poesía.

Lombardo, de hecho, fue expedientado y alejado de las aulas más reaccionarias, en los colegios de la mala educación, al hablar, tan solo, de Derechos Humanos en clase, como consecuencia de una denuncia de unos padres preocupados por las lecciones del maestro Lombardo, que se propuso continuar en su poesía lo que el régimen le hacía callar. Así estaba la cosa en los estertores del franquismo final, ese régimen de apariencia bonachona que se prefiguraba ya democrático y monárquico a la vez, pero que tanto distaba de la realidad.

Lombardo ha sido un marginado poético por varios motivos: en primer lugar, por pertenecer a las afueras del sistema poético central, alejado de las zonas de edición y de las empresas culturales, es decir, Madrid y Barcelona, y desarrolló su carrera en una ciudad como Jaén, que, en los años cuando se publica esta obra primera, 1974, (pero escrito unos años antes), apenas sí contaba en el cómputo lírico nacional, regional, o local. Donde solo persistían viejas voces poéticas que se encargaban de describir el paisaje enraizado en lo simbólico e inane.

Y, en segundo lugar, Lombardo nunca quiso pertenecer al establishment poético de otra índole sentimental, más acorde al ruido mediático, andadas ya las décadas de los 80 y los 90, cuando su obra sigue creciendo y haciéndose más compleja y variada.

Se libera Lombardo, estilísticamente, de la larga tradición de la rima y el ritmo, de la métrica y sus cadenas, aunque no de la música producida desde el verso corto, breve, que suele caracterizar su poesía. Deja atrás la tan productiva corriente simbolista en la poesía española, de carácter burgués y acomodaticio, poesía del sentimiento; es, por otro lado, la de Lombardo una poesía de la reflexión. Incluye además, una carga de filosofía a sus escritos, desde Mestre Eckardt, Silesius, Nietzsche, o Emile Cioran. Superando, por tanto, las limitaciones temáticas y epistemológicas de la poesía circundante de aquella época, poesía que jamás vio en Lombardo un guía.

Posicionada su estética más allá de la simple floritura social, de aquella poesía que ya no conducía a ninguna parte, una vez acabado su modelo crítico, convertido en un deje cansado, absorbida, además, esa poesía social, por el conformismo estético de cierto sector que se negaba a abandonarla, debía buscar Lombardo nuevas formas de decir: superar las bases de un modelo periclitado.

Lombardo emprende su andadura desde la ironía, el humor, lo contestatario. Y también desde lo onírico, lección aprendida de los surrealistas franceses, y avant la lettre , de Lautreamont:

“Peor que las hienas de sabios ademanes, / son las macilentas brujas desdentadas / que muerden con baba / en los cogollos del sueño inhabitado /y hacen nacer una costrilla, / multiplicarse un nido, / en donde se erigen reyes / los búhos del horror en desbandada.”

En su primer libro Lombardo, funde diferentes escuelas o influencias afines a la poesía más atrevida, en este volumen publicado por él mismo en la imprenta Unión Tipográfica, quién si no, iba a publicar una obra de tales características, a un autor expulsado, además, del sistema educativo. Se mezclan la influencia pop, la poesía social, la imagen, el culturalismo y la crítica feroz hacia un régimen  decadente que producía sones decadentes:

“ Oiga Personaimportante / detenga un momento su disertación sobre economía; / observe cómo / en esa escuela de Jaén, / de la hermosa cabeza de una niña / se desgranan sobre la mesa tres piojos, / cómo se encaraman en la libreta / y escriben ciertos signos / con más elocuencia que Cervantes.”

La aparición de la poesía de Lombardo Duro es el fenómeno más importante en la delgada poética jienense del último franquismo, junto al paso fugaz, de un poeta beat, seminarista marxista que perdió la fe en su estancia en Granada, poco conocido, de nuevo para la lírica estándar. Julio E. Miranda, poeta cubano exiliado en estas tierras, que firmó un libro llamado Jaén, la nuit, (1970), publicación que pasó inadvertida para la comunidad poética de la adormecida ciudad, como tantas otras voces que pasaron por aquí, como Rafael Porlán, poeta del 27, pongo por caso, mucho antes.

La aparición de Lombardo, la fugaz de Julio E. Miranda, la llegada del argentino exiliado en España, José Viñals, en la siguiente década, junto al otro “raro” José Nieto, (Sin fonía, Poemas para lelos), conforman el grupo de autores destacados de lo underground en Jaén, le pese a quien le pese, tal vez porque no han sabido leer la lección del cambio; sí, incluso para esta tierra de poetas que exporta poetas.  Trajeron asimismo consigo aires de cambio y otras perspectivas no locales, que hicieron que, la poesía por estos pagos, se abriera y se agrandase a un mundo que estaba cambiando.

Actualmente, casi ninguno de estos autores ha sido destacado por la crítica, salvo en muy contadas excepciones. Véanse los estudios escritos por Fran G. Matute: “Maquillando el cadáver español de Julio E. Miranda”; la tesis doctoral de Guillermo Rojano sobre José Viñals, y la obra de Juan Manuel Molina Damiani sobre Rafael Porlán.

Si Lombardo habla de paisaje es del paisaje desolado, contrario al de ciertas voces que lo describieron hasta la extenuación sin llegar a ningún lugar:

“Recorro las calles y los campos, / pero no veo a nadie, / no palpo a nadie. / Un largo grito levanta / una nube de ceniza que son muertos. / Nadie en las casas, / nadie en las calles / nadie en las plazas. / Los campos están solos. / ”

Reside en sus versos, la crítica a una fe vacía y sin sentido, la enseñada en la escuela sin criterio, adocenando futuras generaciones de estudiantes:

“Viva Jesús, señorita directora, aún recuerdo / el terremoto aquel de los años cincuenta / y todos en fila, cogidos de la mano, / […] diríamos torpemente: “Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío” / […] hoy como ayer, mañana como siempre, / en este solar desmesurado de tortura”.

Así también, no es ajeno a las influencias pop del momento, en donde se toman las figuras de los cuentos, de los anuncios, incluso de los parques de atracciones, la incipiente influencia del capitalismo Disney en la nomenclatura pop, usado en su poesía con propósitos irónicos:

“Alicia vive ahora / en el viejo País de los Horrores / el Flautista de Hamelín / perdió su flauta / Caperucita Roja / sigue en el vientre del lobo / Aladino / no encuentra su lámpara / Y Blancanieves / ya no es tan blanca como la nieve, / ¿qué les ha sucedido / a mis queridos amigos de la infancia?”

Resuenan estos versos en la conciencia de cualquier lector actual, porque el mundo ha vuelto a doblarse sobre sí mismo, y se empeña en repetir la historia, en cercenar ciertos derechos, en repetir torpemente los renglones torcidos de un relato que no tiene futuro. Más de medio siglo después de su primera aparición, pocos libros de poesía han envejecido tan bien como este Blancanieves.

Celebrémoslo.

 

 

 

 

 

Joaquín Fabrellas

 

 

 

 

 

 

 

 

  

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