Metazoa Jekyll & Jill (2026) Las miniaturas narrativas de Ferrer Lerín Conozco a Ferrer Lerín desde hace más de quince años. Creo que puedo afirmar que no le gusta la literatura, o más específicamente, no le gusta hablar de literatura, o, siendo aún más preciso, no le gusta hablar de su literatura. En las últimas presentaciones estuvo disertando sobre la raíz de un apellido, comparándolo con la toponimia, y después con la ornitoponimia, materia en la cual, se queja Lerín, los diccionarios no están muy puestos. Una vez en Torredonjimeno, su patria chica del sur, estuvo recabando historias del pueblo y los apodos, que le parecían dignos de protagonizar algunos de sus textos, pero nada de literatura. Piturda, mítico cartonero y Paco Meriendas, por ejemplo, ahora un potentado dueño de restaurantes españoles en Inglaterra. El amor a las palabras lo caracteriza, a los topónimos, y principalmente, a los animales, a todos, desde el lagarto, a la tortuga, desde el camaleón...
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Lobo Antunes
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En 1999, con apenas 24 años, fui hasta Lisboa en tren desde Madrid para conocer a un escritor que me había deslumbrado: Lobo Antunes, del que había leído solo En el culo del mundo , (1979), y como escritor incipiente solo pude sentirme desbordado por esa forma de expresar el sentimiento amoroso, mezclando las memorias de la guerra, y una sentimentalidad trasnochada, en una larga noche de confesiones entre un hombre y una mujer. Generalmente, y, por desgracia, los autores que se leen en la juventud van perdiendo la calidad que le atribuíamos cuando éramos jóvenes, pero, en este caso, siempre que he vuelto a Lobo Antunes no ha perdido, para mí, ese empuje inicial, que ahora, se ha convertido en otra cosa, en la capacidad tal vez nata de narrar de una manera única, que es lo que diferencia, a la postre, a un escritor de otro. Ahí están intactos, por ejemplo: Onetti, Levrero, Lerín, los monstruos de la narrativa no cambian, te hacen cambiar a ti tu perspectiva como escritor. Not...
Gabinete editorial Joaquín Fabrellas
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Propuesta de Servicios Editoriales: Gabinete Joaquín Fabrellas 1. Introducción: La Excelencia Literaria como Ventaja Competitiva En el ecosistema editorial contemporáneo, la saturación de contenidos exige una distinción que trascienda la mera corrección gramatical. La verdadera ventaja competitiva reside en la excelencia formal y el fondo literario, atributos que solo se alcanzan mediante una mediación profesional rigurosa. El Gabinete Editorial de Joaquín Fabrellas actúa como un catalizador estratégico entre el autor y la industria, garantizando que el manuscrito no solo cumpla con los estándares técnicos, sino que posea la solidez necesaria para ser considerado una obra de valor perdurable. Nuestra misión es la transformación de originales en piezas de arquitectura textual acabada, aplicando un escrutinio técnico y una sensibilidad artística superior. Bajo la dirección de Joaquín Fabrellas, el Gabinete se compromete a elevar la dignidad estética de cad...
Soneto remedo
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Cuando por resaltar vuestro no cuello, por no hacer daño para mansedumbre, tus ojos dos luceros son la lumbre helada que a degustar tanto de ello, en cuanto que de rosa y atropello atropella el cuello en banal costumbre hombre a matriz pegado no que alumbre hermosa e ilustre meretriz, aquello fue solo desmayarse, estar furioso palangre, perno, ruina: primavera, áspero, oscuro, liberal, fogoso, qué era todo esto, qué era, qué era, qué era... erial, mugre, escoria, el umbral; oso decir que cabes en tu cuerpo entera.
Bardos sin sentido
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Se dice que el poeta galés Dylan Thomas ,(1914-1953), era un gran lector de poesía, y me refiero con ello al término de declamador de su propia poesía, cuando la leía, su sonoridad cambiaba tanto, que la transformaba casi en canción, forzaba tanto las sílabas que hacía de un verso un espacio desconocido, una antesala del canto, donde no importaban las palabras, como si las palabras fueran eslabones para llegar a otra realidad para la que no habían sido escritas y traicionaban su significación primera. El poeta parece un bardo que recitase un texto antiguo, y esto tiene que ver con la recitación escrupulosa de los metros clásicos del verso, que Thomas pronuncia excelentemente. Algo parecido le sucede a Bob Dylan , la primera vez que lo escuché en directo, reajustaba las líneas a su antojo, reinterpretando el patrón rítmico de sus letras. Transformaba la canción en otra cosa. No parecían sus canciones. Esto también le sucedía al grupo de culto escocés: Cocteau Twins , (1979-1997), d...
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El mundo acabará en viernes Manuel Moyano Ediciones Menoscuarto 2025 ¿A qué hora se acababa todo? Decir que Moyano es una de las voces más interesantes del reciente panorama literario español no es nada nuevo. Lo considero además un gran novelista. En el sentido en que Marsé lo era. Espero que no le importe que diga esto de él. Así lo demostró en aquel libro El imperio de Yegorov , (https://www.blogger.com/blog/post/edit/204501520008729175/6082063201858431940), en donde ya jugaba a desmontar el juguete literario en que se basaba su excelente artificio narrativo. En esta ocasión, Moyano vuelve a montar su edificio, su juego de piezas que ensambla como el novelista veterano que es. Pocos autores son capaces de resucitar a personajes históricos: Lady Di, Ernest Hemingway, el propio Jesucristo, sin que se caiga en la parodia, o sin que los personajes resulten endebles, y que además, el resultado sea extraordinariamente convincente, tanto, que es en lo que se basa parte de ...
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Las dos casas Un hombre poseía dos apartamentos contiguos en el mismo edificio. Vivía él en uno de ellos la mayor parte del tiempo con su mujer y sus dos hijas. En ese apartamento vivía cómodamente, no con lujos, pero había frigorífico, calefacción, despensa, baños calientes y una hermosa vista a la sierra cercana; en la otra, en cambio, no había nada, solo lo que encontraba en la basura, unas sillas destartaladas, una mesa coja, un vidrio roto que hacía de espejo improvisado encima del lavabo. No había distracciones, solo soledad y sombras. Ni siquiera cortinas, y desde las ventanas de la casa vacía, observaba la vida metódica del hombre de la casa de enfrente, que era él mismo, a veces. Envidiaba su vida ordenada, las cenas humeantes en soperas de Macao. Los libros ordenados alfabéticamente. Lo que no podía alcanzar a ver era al hombre que habitaba en la otra casa, ese otro yo que dormía a veces en el suelo del piso vacío, recordando su paso por la casa de enfrente, ...