Se dice que el poeta galés Dylan Thomas,(1914-1953), era un gran lector de poesía, y me refiero con ello al término de declamador de su propia poesía, cuando la leía, su sonoridad cambiaba tanto, que la transformaba casi en canción, forzaba tanto las sílabas que hacía de un verso un espacio desconocido, una antesala del canto, donde no importaban las palabras, como si las palabras fueran eslabones para llegar a otra realidad para la que no habían sido escritas y traicionaban su significación primera.
El poeta parece un bardo que recitase un texto antiguo, y esto tiene que ver con la recitación escrupulosa de los metros clásicos del verso, que Thomas pronuncia excelentemente.
Algo parecido le sucede a Bob Dylan, la primera vez que lo escuché en directo, reajustaba las líneas a su antojo, reinterpretando el patrón rítmico de sus letras. Transformaba la canción en otra cosa. No parecían sus canciones.
Esto también le sucedía al grupo de culto escocés: Cocteau Twins, (1979-1997), donde, mediante unas melodías evocadoras y unos loops de guitarra continuos, creaban bucles en una atmósfera en la que las letras apenas importaban, sino la voz de la cantante, Elizabeth Fraser, que deshacía el tiempo en las canciones y lo envasaba en una porción de tiempo y espacio. Llegaba la cantante a una especie de balbuceo primigenio, a una especie de charla primitiva, a gritos antes de ser idioma o lenguaje, a un espacio prenatal del idioma, casi uterino, nos remontaba a un niño sin idioma pero con voz y significación.
Y para terminar, eso mismo le sucede a Joyce y al Finegans Wake, donde el protagonista es el propio lenguaje, pero no por lo que tiene de elemento de transporte para llegar a algún sitio, aquí apenas hay acciones, sino que se redescubren nuevos espacios para el lenguaje, que no son los mismos, sino que abundan los juegos de palabras, los refranes, las asociaciones sonoros y conceptuales por cercanía léxica, como hacía Roussell en Locus solus, cambiando una vocal o una consonante para decir algo completamente inusitado.
Finnegans Wake tiene que ver con la resignificación del lenguaje, no es ningún juego estúpido sin sentido, está conectado con lo primitivo, con el aprendizaje de un niño de su primer idioma, con el olvido de lo tradicional y el advenimiento de un nuevo modo de hablar, que tiene que ver con su hija esquizofrénica: Lucia Joyce.
(Stoop) if you are abcdeminded, to this claybook, what curios of signs (please stoop), in this allaphbed! Can you rede (since We and Thou had it already) its world?[...] Right rank ragnar rocks and with this roxs orangotangos rangled rough and righgorong. Wisha, wisha, whydidtha?
p. 19.
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