Los elegidos

 Que Borges no ganase el premio Nobel de Literatura es algo que ha pasado a la historia literaria como un hecho, no menor, pero sí significativo de sobre quiénes eligen a los elegidos. El hecho de que Ezra Pound no fuese tampoco Nobel, con sus implicaciones políticas, hacen de este asunto casi una novelita de espionaje. El hecho de que Juan Ramón sí obtuviese el Nobel, es cuando menos esperanzador, no sé si como algo personal, pero sí como premio de consolación para la lírica española después de la Guerra Civil y el episodio de exilios y asesinatos que destrozó, en parte, la lírica, como al resto del país.

A veces es más significativo no ganar el Nobel que sí hacerlo. 


Ferrer Lerín en el Centro Superior de Investigaciones Científicas, (CSIC), de Jaca, observando a un buitre.

No estoy aquí para hablar de quién sí y quién no debe ser Nobel, o Académico de la Lengua en España, pero es también muy significativa la presencia y ausencia de ciertos escritores en esta institución española.  A Antonio Machado lo nombraron Académico el significativo año de 1927, con la letra V, sin embargo, por diferentes motivos políticos, no pudo leer su discurso de ingreso. Ya desde 1925 era miembro de la prestigiosa Hispanic Society of America. 

Tratando todo esto, me he dado cuento de que otro tanto sucede en las antologías grupales. Quién elige a esos elegidos, me refiero, en este caso, a la antología de los Novísimos, Nueve novísimos poetas españoles, (1970), antologado por Castellet, en donde hubo muchas ausencias, y, actualmente, casi es más importante quien no estuvo, que quien sí figuró en la misma, dado el naufragio novísimo, que apenas salva a tres o cuatro de sus autores antologados. ¿Panero, Azúa, Gimferrer, Vázquez Montalbán? Explicaciones ha habido muchas, y todas se pierden en las responsabilidades del antólogo y alguno de sus antologados, que fue quien, en verdad, construyó la famosa antología. Quizá se pensó que Lerín era más un científico que un poeta, quién lo sabe.

Mucho se ha hablado a este respecto. Hubo ausencias clamorosas, principalmente la del poeta y ornitólogo Francisco Ferrer Lerín, aunque se podría nombrar también a Marcos-Ricardo Barnatán, Aníbal Núñez o José- Miguel Ullán; sin embargo, la ausencia de Lerín subraya un hecho casi inconcebible en la lírica, dado su carácter de adelantado en la lírica española de finales de los sesenta, cuando Lerín contaba con solo un libro publicado: De las condiciones humanas, (1964), intento juvenil de una poesía que no se sumergía en la tradición española, sino más bien, una obra de carácter europeo, ya que Lerín, de raíces surrealistas y oníricas, sin proponérselo, intentaba superar la poesía española de larga tradición métrico simbolista. Y de aquí, sus amigos de farra barcelonesa se inspiraron, y mucho, en su poesía posterior, véase el caso de Gimferrer en Mensaje del tetrarca (1963), en este libro aparecían ciertos versos como final de un poema del primer libro de Lerín, que aunque publicado posteriormente, había escrito años antes. Ambos libros aparecieron en la misma editorial y colección de poesía. La editorial Trimer y en la colección "De trigo y voz provisto".

Ya el desaparecido profesor José Luis Falcó, escribe en 2009, en "La Tulipe", un texto en donde presentaba a Lerín y habla de cómo conoció su obra, y después al propio Falcó, afirma que le sorprende que Lerín no hubiese estado en los Novísimos. Falcó fue el antologador de gran parte de la lírica española en su estudio antológico Poesía española contemporánea, donde se da buena cuenta de todo el episodio y el mapa conceptual de la poesía de posguerra y de final del franquismo, y en donde figura, como no podía ser de otra forma, Ferrer Lerín, junto a la lección del Postismo, Labordeta, Cirlot. (Sin embargo la aparición de Lerín en este libro fue un poco con calzador, porque le costó Dios y ayuda meterlo en la antología, por el rechazo de los editores del libro a incluirlo. Lerín contaba entonces, en el año 82, con solo dos libros publicados).

Dice Falcó:  "Seguramente fue eso lo que Omar encontró entonces en aquella primera lectura de La Oval y por eso quiso que Lerín estuviese en aquella magna antología. ¿Sólo por eso? Olvidaron mi acento./Borrada la andadura/Quemaron mi nombre. Suficiente, desde luego, pero no sólo. "

Y siguiendo el hilo de estos pensamientos, sobre la inclusión o no en ciertos territorios, he aquí que el viernes pasado, el crítico Ignacio Echevarría da un manotazo en la mesa preguntándose por qué demonios no está ya Ferrer Lerín en la RAE, escribe: 

"Me pregunto por qué demonios un escritor como él no está desde hace ya tiempo en la Real Academia de la Lengua. Muy pocos entre los escritores que esta institución recluta [...] reúnen como Ferrer Lerín, tantas aptitudes y conocimientos específicos que los hagan idóneos para los trabajos propios de un diccionario de la lengua."

El Cultural, 16-22 de enero de 2026.

¿Por qué ese rechazo, cuáles son los motivos?

Está claro que la pertenencia a la RAE la propugnan los miembros que pertenecen a ella, y que son ellos los que escogen a los que quieren que ingresen en la misma; sé también, por otra parte, que ha habido varios intentos, que no han llegado buen puerto, para convertir a Lerín en Académico, y mientras tanto, los diccionarios  que pudieran llegar a ser, seguirán ofreciendo ambigüedades o faltas en la definición de ciertos animales, o aves, donde la Academia, sí debería hacer un esfuerzo por dirimir cuanto antes, junto a otros muchos aspectos de diferente índole, en una institución, que también encara las dificultades editoriales propias de cualquier industria cultural, y que debe tratar de sobrevivir al desmesurado mundo de las ventas editoriales.

Quizá sea coincidencia que Lerín no pertenezca a ninguna de las dos empresas culturales que he mencionado antes: la antología Novísima y la RAE, o quizá, sea solo un error de decalaje, un intento por redirigir algo tan importante como es el derrotero del idioma español en tiempos de amenaza cibernética.

¡Lerín debería estar ya en la RAE!


J. Fabrellas


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