¿Cómo mi lengua torpe, enmudecida, metida en alto mar de amor profundo, sin entender la causa en que me fundo hablará de su alteza desmedida? Hallo mi navecilla sumergida, y si la orilla busco, más me hundo, que no hay lenguaje o nombres en el mundo a que compare cosa tan subida. ¿Quién dijera que un Niño de hoy nacido mi baja musa hace perder de vuelo?, ¿mas, qué mucho si en su ser infundido tiene el objeto de un amor sin suelo? Más queda inaccesible y escondido cuanto más le descubre el mortal velo. Este soneto, de la desconocida hermana carmelita descalza, Ana de la Trinidad, fue escrito en secreto en los últimos doce años de vida de esta servidora de Cristo de pobre salud y alta cuna. Se escapó de las comodidades del palacio para ingresar en el Carmelo, algo a lo que sus padres se opusieron, conociendo la fama de rebeldía que tenía esta orden tan señalada por la ortodoxia de la Iglesia católica. Una hija de un noble no...
Versiculos in me narratur scribere Cinna. Non scribit, cuius carmina nemo legit.