Yodo en los labios. Editorial La Garúa. 2026.
Juan Pablo
Zapater
El reciente
volumen de Juan Pablo Zapater nos lleva a un nuevo lugar poético. Poeta de lo cotidiano, así lo demostró en sus otros libros, sin embargo, en esta nueva
entrega, nos conduce al mundo del haiku.
La
proliferación del haiku en los últimos cien años en la poesía europea,
es un hecho ampliamente estudiado por la crítica; sin embargo, en los últimos
quince, esta forma tradicional japonesa ha sufrido un crecimiento exponencial
debido, en parte, a su aparente facilidad, aunque la dificultad de su ejecución
es definitiva.
Haikú:
imagen + sensación; condensado en una manera estrófica 5/7/5.
El haiku describe una emoción para hacerla eterna, una efímera imagen, frágil pero grandilocuente, con pocas palabras.
Expuestas las bases métricas de este fenómeno, los poetas tienen que hacer acopio de sabiduría para introducir un sentimiento en los tres mínimos versos, que no siempre se consigue, ya que el flujo del lenguaje es diferente en japonés y en español. Asimismo, el haiku tradicional japonés se da con un "haiga", una pintura que describe la emoción del poema, una pintura algo naive que traduce la sentimentalidad del momento transcrito.
Y todos estos condicionantes se dan en el libro de Juan Pablo Zapater, hay que ser un gran poeta, no solo
para controlar el ritmo del poema, sino también para dominar los versos de arte mayor, sin embargo, casi todos olvidan
los versos de arte menor, y versos de cinco sílabas se han
escrito pocos, y pocos son los que han pasado a la historia poética.
Entonces, tenemos un metro japonés insertado en el castellano, tenemos un poema que
se divide en tres versos, cuyo cómputo global son 17 sílabas, y en esas 17 sílabas debe estar contenido la emoción
y la imagen: no, no es fácil el haiku, muchos mueren en el intento.
Al haiku todo le sobra, como a todo buen poema no admite excesos, ni palabras
huecas, ni ambigüedades. Todo lo que se da en el haiku ya estaba antes que él,
el poeta lo desvela mediante la poesía. Además, es muy complicado imponerse al
manejo de la sintaxis, ya que, debe evitar ese tono perentorio, trunco en el
que muchos poemas caen, cuyo verso final, parece más una admonición, que el
florecimiento de una expresión poética, y debe quedarse ahí, en el silencio,
latiendo, temblando en el aire, si no, será otra cosa, un mal poema, pero no un
haiku.
Juan Pablo Zapater supera esas dificultades inherentes al metro japonés y
lo transcribe con éxito en este hermoso libro, dividido en dos partes, donde
hay reflexiones en torno al mar en la primera parte Yodo en los labios, y el segundo grupo de poemas,
alrededor de las flores, o lo que florece, en Los tallos ciegos.
Los poemas del primer segmento giran en torno a los recuerdos, la infancia,
la familia, y estos recuerdos se anclan en torno al mar, el azul, la arena, la
sal, el nacimiento del deseo y la sexualidad; por otra parte, el segundo grupo
es más reflexivo, trata de apresar lo efímero de la belleza en esa condensación
silábica del haiku, observación de las flores, de cómo crecen las plantas en el
entorno familiar y la reflexión que conlleva. Poemario de madurez, a pesar de
su expresión breve, hiperbreve de esta manifestación ya tan cuajada en la
lírica española. Esa fascinación por el metro japonés alcanza su apogeo en la
lírica desnuda de Zapater, que demuestra nuevamente que su poesía se
transforma, y es capaz de dominar diferentes metros, que al cabo, la poesía es
poesía en cualquier metro o idioma, y que los límites solo los imponen los que
no entienden el fenómeno poético.
"Brillan las olas
como escamas de un pez
flotando al sol."
Afirma en la primera parte, donde la observación del medio marino se
entremezcla con los recuerdos del mar, de lo natural, terreno abonada para la
sensación...
"Hay una barca
suspendida en la línea
del horizonte."
Cuya imagen nos lleva a ese lugar del mar que asemeja un cielo, de esa
continuación cromática y estética en donde los cuerpos parecen levantarse y
flotar.
De la segunda parte, nos dice Zapater:
"El jardinero
echa pronto de menos
la flor robada"
De nuevo la emoción de la pérdida encarnada en la figura del
jardinero.
"Por la escalera
olvidada en el muro
trepan las rosas."
La sensación de abandono en donde crece la belleza efímera de las flores.
“Con parsimonia
sacan brillo a la hierba
los caracoles.”
Aquí la lentitud, el sosiego, la audacia en la imagen
Zapater conduce con mano maestra una lección de poesía encapsulada en 17
sílabas: emoción métrica, sensación lírica, vislumbre estético con anclaje en
la realidad más personal, aquello que pasa desapercibido, porque lo dicho en
poesía permanece para siempre.
Este libro celebra el instante: lo efímero e infinito al mismo tiempo.
- J. Fabrellas
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