Historias gozosas de la lectura, en especial
de la lectura de Eduardo Haro Ibars: los pasos del caído. Estoy devorando este libro, y además compruebo que su autor, J. Benito Fernández, tiene acceso a una de las revistas que yo no pude encontrar para estudios previos sobre Ferrer Lerín, se trata de la revista Poesía, número 4, de junio de 1979, pp 110-115. Él me manda estas fotografías de la revista, que él menciona en su trabajo sobre Haro Ibars, en la página 238.
Benito usa esta revista para mencionar a Eduardo, y a mí me interesaba por diferentes motivos, el primero, porque es un extraño artículo de un sobrio y cuerdo Leopoldo María Panero, y, en segundo lugar porque defiende una tesis algo demencial, que no existe la lectura en España, sino por los medios tradicionales de control del estado: la educación y la religión; además, nombra a Ferrer Lerín en la estela de los novísimos, y dice de él que es un jugador profesional de póker, con quien ha perdido muchas partidas, y que espera no perder la partida de la literatura.
Se reproduce un poema de La hora oval de Francisco Ferrer Lerín, Los editores, publicado en 1972.
Afirma Panero en su trabajo que: "Quizá la influencia de la religión en la escuela, que ha tenido en España siempre un despotismo muy lejano, de los fines de otras inquisiciones, y cuyo sadismo se ha dirigido con particular predilección contra el pensamiento,[...] en El Quijote, [...] creo que descubrimos que en España la imaginación es tragedia."
Además de estas frases lapidarias, sigue diciendo: "Dámaso Alonso se creyó en la obligación de traducir a Góngora, y ello quizá porque este último jamás escribió en este idioma, lo que hizo fue tratar de inventar una nueva lengua".
De Aleixandre afirma que: "la edición francesa de su obra lo ha descubierto como siendo nada más que lo que es: "un poeta menor para una antología,[...] una de las pocas personas bondadosas que el mundo de la cultura me ha dado a conocer."
Además introduce a uno de los poetas más admirados de Panero, Gabriel Bocángel, poeta seguidor del culteranismo gongorino, artífice barroco, y adjunta un soneto del autor toledano.
En un tono algo resentido, afirma que no le gusta nada de la generación del 27, algo de Lorca, algo de Cernuda, todo Juan Larrea, como no podía ser de otra forma, autor que siempre escribió en francés, traducido por los poetas del Régimen Vivanco y Ridruejo.
De JRJ solo salva el descomunal poema "Espacio", y Antonio Machado le parece un poeta para bachilleres.
Del resto de generaciones salva a muy pocos, los que le interesan están en esa pequeña antología muy sui generis, donde incluye a Bocángel, del que afirma ser de su misma generación.
Genio y figura de un joven Panero que ya anuncia su malditismo.




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