Allen Ginsberg, su amante Peter Orlovski, Jack Kerouack y Gregory Corso reunieron un poco de dinero y se fueron a ver a su amigo William Burroughs a Tánger. Fueron en busca del escritor perdido, ese que todos creemos ser, pero hay algo en los beats que es diferente, la posible huella que dejen en los otros, en los lectores. No hay intención de agradar al lector, por ello, son eminentemente salvajes, despiadados incluso, en un viaje de única dirección en la que se saben los invitados principales. El escritor burgués sabe que tiene un nombre, o al menos, debe trabajar por él, el escritor burgués le teme a la posteridad. Los beatniks, no. Les era indiferente por completo esa huella pequeñoburguesa. Así, un judío como Ginsberg se desnuda y recita poesía, se echa fotos en cueros con su amante, cubiertos de flores para defender el amor universal retratados por Bob Mapplethorpe. Van los beats en busca de un oculto Burroughs que frecuentaba los peores lugares de la Tánger internaci...
Versiculos in me narratur scribere Cinna. Non scribit, cuius carmina nemo legit.