Ulular
Un hombre sale apresurado a su jardín y se dispone a responder a un búho que acostumbra a posarse en su casa, escondido entre las ramas de los cedros cercanos.
Ulula el hombre cada vez que oye al búho al caer la tarde a buscar alguna presa, un ratón despistado, alguna alimaña invisible para el ojo humano en la oscuridad de la noche.
El búho es esquivo y no se deja ver nunca, sin embargo, el hombre lo presiente cerca, lo oye y casi lo adivina cazar entre la maleza cercana en la creciente oscuridad.
Ha pasado más de un año con esta práctica de respuesta ululando al búho invisible.
Mientras tanto, dos mujeres hablan, son vecinas y una le cuenta a la otra que su marido tiene una extraña costumbre de salir al jardín en el crepúsculo cuando oye ulular a un búho, al principio se preocupó, porque ella no llegaba a ver nada, nunca vio uno en su jardín, a lo que el marido les respondía que el ave no se iba a mostrar a ella, que tendría que ser más paciente.
La segunda mujer le dice que, su marido, lleva haciendo lo mismo más de un año en su jardín porque, alguna vez, le había respondido un búho que entendía que estaba cerca. Cazando en la maleza.
Nunca ninguno lo había visto.
Y tampoco sus mujeres le dijeron jamás la verdad a sus esposos.
Actualmente, siguen ululando a la puesta del sol.
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