Muñeca recortable

 



Hubo una vez un escritor con mucho éxito. 

Uno de esos de los que hacían oficio de la escritura, de esos que no tanto abundan, o uno de esos en los que, aquellos que no saben ser escritores, se quieren convertir un día y dar vueltas por el mundo, ser traducidos a todos los idiomas, rellenar las estanterías de los grandes almacenes, aunque sus obras no valgan mucho pero el mercado diga lo contrario. Cuando el tiempo, y los anaqueles los olviden en el olvido de los olvidados.

Un día me encontré con ese escritor, le abordé sin remilgos y le pregunté:

-¿Cuál es tu forma de trabajar, (de escribir)?

A lo que él respondió sin miramientos: 

- Muy fácil querido desconocido. Escojo las palabras más simples del idioma, les doy forma de frases, las dispongo en páginas, y así termino un libro. Una vez que tengo uno, sigo con el siguiente, que consiste exactamente en coger las mismas frases, convertirlas en oraciones, y los sintagmas, los visto y los desvisto, como si fuesen muñecas de papel recortable antiguas, todas con la misma cara, es decir, querido desconocido, que el libro siempre es el mismo, el esqueleto de la muñeca siempre está ahí. No tiene órganos. No tiene vida. No tiene función alguna. La muñeca, (la literatura, pensé yo, o más bien, tu literatura), lleva muerta mucho tiempo, pero por fuera, ay, por fuera, parecen todas distintas y el día de Reyes, soy el más feliz del mundo.

"Y, ¿cómo se te ocurren esos títulos (tan mediocres)?" El paréntesis no se lo pregunté.

"Es muy sencillo. Pienso una palabra, suele ser siempre un nombre, y a ese sustantivo le pongo un artículo delante y un adjetivo después, antes del adjetivo suelo poner, ese es mi toque de genio, una preposición, ah, y  cuanto más sencillo sea el adjetivo, mejor, no vaya a ser que los lectores se me asusten, porque los lectores están últimamente muy asustadizos. Esa combinatoria es digna de un genio. Te voy a dar una lección gratuita, para ti". Me dijo él con campechanía lozana.

"Dime una palabra", y le respondí: "Estafa". Uy no, esa no, que es muy fea, por ejemplo di: Nido.

"Nido", dije yo sin convicción.

-Pues ya lo tienes: EL Nido DE los Pájaros Huérfanos, ahí tienes el título: artículo, sustantivo, preposición, artículo, sustantivo y adjetivo. ¿A que es genial? De nada, de nada.

"Funciona siempre: La Máscara de los Pitufos Reencarnados. Los días de cristal mojado. Las noches de los libros leídos.

Soy como un Raymond Roussel pero cutre, tirando a provinciano, y eso a la gente, le encanta".

Me acercó la mano, no sé si para que se la besase, o en señal de bendición.


Y se marchó, y todos pensaban que era un escritor excelente porque vendía mucho, y las editoriales lo querían. Lo amaban, pero escribir, lo que se dice escribir, no había escrito ni un solo día en su vida, y decía: "impresionante catedral", "bellísima lluvia", "evidentemente enormemente disgustado", aunque en el fondo, no sabía muy bien lo que estaba haciendo.

Y esta es la historia resumida de la literatura de nuestro impresionante país mientras el idioma se moría porque llegó a no decir nada.

 

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