Programa de Redistribución de Posible Turismo Interno
Rest abroad for all. PRPTI.
Nunca lo supimos, pero los que nos reunimos en aquel recóndito lugar, estuvimos a punto de desaparecer en un pueblo deshabitado.
Solo existía porque nosotros estábamos allí, unos servicios contratados a través de una plataforma digital de reservas de casas rurales, pero, como después llegué a descubrir, era, en realidad, un programa pionero y avanzado de redistribución de posible turismo interior, o PRPTI, no confundir con PRPTE, Programa de redistribución de posible turismo exterior, es decir, de extranjeros que llegan a España. Ambos programas son, o eran, secretos, yo lo he sabido mucho tiempo después, y solo por un error, que después detallaré.
Casi toda la gente que encontramos esos días trabajan para el organismo oficial del gobierno interno, y no eran muchos; este programa funciona, principalmente, en localidades deshabitadas, (o la España vacía, al decir de los cursis), así es más fácil recomponer o remedar a casi toda la población, o al menos, como en una novela, hacer parecer que sea real: la vieja vecina amigable, los juguetes abandonados de los niños imposibles,dispuestos en la plazoletilla de la casa de enfrente, con luces led de navidad encendidas por un funcionario desde la central de reservas. Algunas lámparas que se iluminan en las casas aledañas sin personas adentro; incluso tienen un programa secreto de fantasmas, ruidos y alaridos, y otro, muy productivo, de rayos, truenos y petardos.
Este último fue el que nos tocó. Y el que no nos dejó apenas dormir.
Restábal son las siglas del programa en inglés: Rest abroad for all, o sea, REST AB AL, programa original emprendido en la otrora romántica Comunidad Europea, en zonas en peligro de desaparición por los embates del capitalismo salvaje, áreas despobladas por la cercanía de ciudades populosas de la costa. Valles, antes habitados, los cuales, hoy solo persisten por estos viejos programas de redistribución de población autóctona y visitante. En un primer momento, se aplicó a países muy turísticos con zonas deprimidas y que, paradójicamente, no cuentan apenas con visitantes. Desde Grecia hasta Portugal, véanse los casos de Santorini o Monchique, con desiguales resultados.
Además de los puestos de trabajo de manutención de la comarca que se crean, colocan la decoración de Navidad, ponen placas, conducen coches de forma aleatoria, etcétera. Contratan también a personas mayores que hablan en las fuentes y lavaderos con los foráneos no extranjeros; el programa incluye a otros turistas desconocidos internos que, sin saberlo, son usados, a su vez, como turistas de decoración en otros pueblos cercanos y que sirven como atrezo.
Nosotros mismos hicimos de figurantes en el pueblo cercano y nunca lo supimos.
El programa es muy fino en sus intersticios.
También hallamos a turistas del PRPTE, personajes de figuración involuntaria que hablan en inglés, por si acaso hubiésemos cruzado unas palabras con ellos. El algoritmo no suele fallar y el programa diseña fiestas en Navidad, lo cual es bastante inusual, en honor a san Cristóbal, y es que las fiestas, son recreadas siempre que van un grupo de 8 a 10 personas, sea verano o primavera, y publican enseguida un libreto con las actividades que realizan. Siempre las mismas.
También hubo un intento, algo extraño, de verbena de pueblo, y ahí se vieron los fallos del programa, sobre todo en la actuación, tuvieron que repetir al DJ principal, que de habernos fijado, además de ser el mismo, era también el barrendero que estaba de espaldas en cuanto llegamos al restaurante número 1, y uno de los vecinos que veía la televisión en una de las casas que pasábamos en dirección al centro. (El centro, como el Aleph, estaba en todos lados).
El restaurante nº 2 no estaba operativo para nosotros, cuando fuimos a preguntar para reservar mesa, apenas sí les dio tiempo a poner unos manteles improvisados por encima, a veces, se arriesgan mucho a que se descubra la mentira, pero ahora todo me cuadra.
El primer día sí fuimos a mezclarnos con los lugareños en la verbena popular, y, en cuanto llegamos a una carpa imposible, empezó la fiesta, porque antes estaban sentados viendo sus móviles, y todos comenzaron a bailar, cantar y fumar. Los sueldos son misérrimos para los integrantes, pero al menos tienen diversión y bebida gratis. Al día siguiente, no fuimos porque los vimos bailar sin alegría y fumar de más, quizá para que no fuésemos, pero para crear sensación de fiesta, dejaron la música puesta durante gran parte de la noche, aunque no había nadie adentro. Después empezaron los cohetes y una charanga multitudinaria que hubo que reconstruir con cinco o seis músicos improvisados, porque a uno de nosotros le dio por salir a correr para ver los límites del pueblo.
También hubo una procesión en honor a San Cristóbal, y una ofrenda de coches al santo, patrón, de hecho, de todos los conductores. Las personas de la procesión eran las mismas que comían alegres en el bar, y algunos de los niños que portaban los pendones, fueron encontrados en el pueblo cercano como extras corriendo con un móvil en la mano.
La casa donde permanecimos era una vieja cuadra, convertida en habitáculo con soluciones modernas, a la que, cada vez que pasábamos por diferentes lugares, descubríamos alguna imperfección manifiesta: un desconchón, un somier que cedía, una puerta que no se abría, humedades en las ventanas, manchas en la grifería.
En el restaurante nº 1 ofrecían una comida hecha a base de naranjas y bacalao, pero no pudieron conseguir este último, y apenas echaron los restos de la última comida pedida, y solo encontramos las espinas del pescado en la nueva ensalada de naranja.
El verdadero problema fue que, en una cuesta muy empinada, llamada Calvario, se acababa el pueblo, y también el programa, es decir, allí acababa la realidad, un lugar mal iluminado, de haber ido más allá, hubiésemos dejado de constar para el programa y nadie sabe qué hay más allá. Eso nunca lo supimos. Nadie nos lo explicó.
Yo descubrí el embrollo porque me llegó una encuesta de satisfacción por error a mi correo; una encuesta de satisfacción con el programa de redistribución de activos ciudadanos, tal vez debieron confundir mi nombre, tan corriente, con el de un participante del programa, o, quién sabe, quizá yo debía haber sido un participante del programa.
No tenía que haber escrito esto.
Nunca sabré de qué parte del programa estoy.
J. Fabrellas
Comentarios
Publicar un comentario