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Ósipov, Labatut, Gredos





La lectura 7ª del año sería la de Labatut, MANIAC y la 8ª es la de Ósipov, Kilómetro 101, en Libros del Asteroide. He decidido consignar todas las lecturas de este año, para ver cuánto en verdad leo, siempre que el trabajo me deje hacerlo.

Intento ser disciplinado en mis lecturas, pero nada, me es imposible. En el trabajo hay ciertos libros que me voy encontrando y los leo en las horas de guardia, tesoros de la editorial Gredos intonsos, volúmenes perdidos con personajes históricos que estudiaron en ellos, hay una biblioteca entera en el despacho del Departamento, y me meto allí para corregir, y sin embargo, acabo leyendo libros que no tenía en mente, como por ejemplo, Morfología histórica el español, (Bernard Pottier y Manuel Alvar), y me llama la atención lo rabiosamente actual que puede resultar un libro así, también pienso en cómo se escribió ese volumen, en los años 50, sin ordenadores, a pelo, basándose además en notas de lecturas previas y viajes para consignar esas lecturas, realizaciones vocálicas en ciertas regiones del pirineo oscense, el rehilamiento de una consonante en ciertos pueblos de Navarra. Me sobrecoge la intrahistoria de ciertos libros, principalmente la de los libros escritos antes de la época tecnológica.



Esas lecturas son como las catas arqueológicas de urgencia, como no son míos, los leo rápidamente, intentando recordar ese saber sobre el lenguaje, saltándome algunas páginas, yendo a lo más importante, como por ejemplo en la Manual de versificación española, (Rudolf Baehr) también en Gredos, donde voy solo a los versos que me pueden interesar, a los endecasílabos, a su estructuración, cosas así, leo en diagonal, como suele decirse, con el rabillo del ojo apuntando lo más importante. Esos libros entonces deben contar en el cómputo general, pero no los cuento porque no los he leído completos.



Entonces, aunque quiera ser ordenado, para así obtener un mayor rendimiento de mi lectura, toda lectura ordenada vendrá en auxilio de una escritura satisfactoria, aunque no estoy seguro de esto, quiero decir con ello que disfruto tanto o más la lectura que la escritura: ese asco al relatar que decían los sabios que además acompaña a la edad juvenil, a mí se me están acabando los temas, se me ha muerto mi "tío Celerino" particular, aquello que los cursis llaman inspiración, pero que a mí me ha vencido el cansancio o el tedio. El pájaro desea no volar más, lo hace solo para sobrevivir.

A mí la escritura se me está acabando ya. Está bien reconocerlo, no hay grandes secretos en ello. El cansancio de otro libro, la inercia comercial, la angustia del fallo. El no poder superarme, el saber que quizá ya hayas escrito lo mejor de tu producción.

O quizá que no llegue nunca. No hay autocompasión en esto, es sentido común.

Por otra parte, además de estás cuestiones técnicas previas, se da una corriente general en la literatura, de cansancio también, sobre todo de cansancio a la novela tradicional que busca una tendencia de mezcla entre la crónica, el ensayo y unas pizcas de narración, no ya de novela, sino una técnica híbrida que da como resultado libros como el de Labatut, donde se ve la influencia de mezclar los saberes al uso, con tópicos literarios, con una tendencia a contar algo inesperado, lo que lastra a Labatut es su intención de impresionar con un conocimiento ya sabido, pero cualquiera que investigue un poco dará con las mismas conclusiones a las que él ha llegado, sin embargo, el producto es bueno, tiene calidad y se lee bien.

Por su parte, Ósipov, en Kilómetro 101 me ha sorprendido más debido a que me esperaba algo más lírico y para nada, es la narración en primer apersona de un médico rural ruso. Se entiende mejor así el alma rusa, abocada al fracaso, el influjo de la iglesia ortodoxa, algo que también se veía en Starobinets, en La glándula de Ícaro, la influencia nefasta del régimen ruso y su máxima de "Sálvese quien pueda". Es un libro que no requiere una gran concentración, de estilo sencillo, del tipo de Alexandrevich en la desgracia de Chernóbil.

Se entiende el fracaso en el sistema sanitario ruso, pero no deja una huella trascendente, parece mas bien, periodismo a pie de calle.

Poco más.

J. Fabrellas


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