Nunavik Innuit
Nunavik-innuit
George Melton, (1836-1911), autor de Viajes al hielo perpetuo (1910), fue un psicólogo y etólogo behaviorista norteamericano, en uno de sus innumerables viajes por el norte de Canadá, descubrió una remota y aislada tribu Inuit en nunavik, al norte de Canadá, a un pueblo al que solo se puede llegar por mar llamado Quaqtaq, que quiere decir: “tenia”, un parásito delicioso conseguido de las heces de la beluga. un pueblo conocido entre los incipientes genetistas y antropólogos americanos del s. XIX por componer estos innuit un grupo aislado y predispuesto a sufrir ciertos tipos de enfermedades y apoplejías. (La traducción del inglés es mía).
[...]“Esa predisposición genética los condujo también a desarrollar una manera de hablar única, mediante sonidos guturales y chasqueos de la lengua que practican contra el paladar, que adquiere una porosidad sin igual y que hace imposible que alguien externo a la tribu hable su lengua, solo se pueden acercar a hablarla los miembros de tribus cercanas y parecidos genéticamente; dichas tribus ahora son hermanas, pero durante tanto tiempo, enemigas, al compartir el mismo lugar en la cadena trófica, ciertos puntos conflictivos de caza en la banquisa, pues su alimento principal es el oso. de hecho, en nunavik afirman hablar con los osos, de ahí esa guturalidad rehilada del habla nunavik meltoniana, que difiere de todas las de la misma familia inuit.
El caso es que este idioma adquiere su potencialidad al ser hablado por todos de la misma manera, es decir, no puede haber diferencias entre hombres y mujeres al hablarlo, ni entre clases sociales, aunque en nunavik son casi inexistentes; el bebé balbuceante de la tribu habla igual que el más anciano del pueblo, el llanto se entiende como sabiduría y la risa no existe pues es confusa en su género (puede estar producida por el amor o la lástima); el oligofrénico dirá lo mismo que el más inteligente de sus miembros, el chamán es también el herrero. todos hablan con una misma voz que no es ni masculina ni femenina, todo es único, no hay terminaciones en las palabras, ni inflexiones, ni localismos, porque el lenguaje es el pueblo y la tierra, y la tierra, no puede albergar ambigüedades. Así, cuando los jóvenes cambian de voz en su pubertad, no pueden hablar el idioma durante seis lunas: seis meses y 13 días, porque su idioma es sí mismo en silencio, y cuando en las noches de sol practican el juego del amor, tampoco pueden gemir porque es insultar a la tierra. Es un idioma compuesto por silencios, de hecho, los silencios entre palabras se alargan exasperantes. (una vez un hablante anciano se durmió entre sus chasqueos articulatorios, y al ser despertado por el entrevistador, afirmó estar pronunciando un término que era “abismo marino”, la “palabra” con más silencios de la lengua quaqtaq, le llevó más de 35 minutos pronunciarla, articularla, e incluía el sueño en ella); palabra es inexacto, ya que es término confuso, pues son golpes de voz lo emitido, más parecido al lenguaje de las ballenas, a las que también entienden y esperan cuando vienen del sur del mundo para cazarlas, para ellas, es un bendición ser muertas por las navajas quaqtaq. Entienden el lenguaje de los osos, a los que consideran dioses y cuyos aullidos, componen el ágrafo libro sagrado de nunavik. La evisceración de los osos cazados es interpretada para saber los designios del año, y se recitan versos improvisados en su honor, ese gran arte. La improvisación en un idioma sin errores. El poder lo detenta aquí el herrero, puesto que fabrica los cuchillos con garra y hueso de ballena, para abrir el vientre de las piezas en el fragor de la caza, y las mujeres tienen un papel fundamental, puesto que recogen las vísceras y las disponen en el hielo blanco convertido en un río de sangre, en un puzle cruel que deben interpretar, así, la más anciana del lugar, junto a la niña pre-menstrual deben ir encauzando y anunciando, en una única voz fingida, el mensaje del dios oso mediante chasquidos criminales en las hecatombes profundas sin auroras, puesto que las auroras son un mal presagio, no saben interpretarlas y cierran las entradas de sus casas de hielo y yacen dos días seguidos hasta que pasa ese “polvo del sol”, como las llaman ellos acercándose, pero casi siempre, errando en su rápida definición. Este idioma no tiene verbos, ni adverbios, ni por supuesto declinaciones de nuestros idiomas flexivos, así decir algo, es vivir algo, no existe la literatura, solo la fría factura versal de las vísceras calientes. por ejemplo, decir: “Yo corto el vientre del oso” es hacerlo. no hay traducción posible, los chasquidos se encargan de ello, el lenguaje es acción, representación, máscara fónica. Los nunavik de Quaqtaq consideran que los está viendo siempre el mismo dios oso (dos chasquidos largos y dos silencios), y por ello, se les ha asignado frialdad a su comportamiento, porque los gestos no pueden acompañar su práctica lingüística. se llaman a sí mismos, casi infringiendo sus códigos de idioma, nunavimmiut: los que callan, porque cuando no se les ve, pero hablan, lo hacen sin emoción alguna. Hablar es un verbo incorrecto, puesto que chasquean la boca y los labios y parecen cantos de caribús, focas, osos, o algún dialecto de ballena, por ello, deben callar durante tanto tiempo. A algunos nunavik errabundos que fueron hallados en ciudades remotas, comprobaron que casi no tienen cuerdas vocales porque nunca han articulado palabras. no existe el concepto “tiempo”, ni “antes” o “efímero”, no saben lo que es “perentorio” ni “muerte”, ellos no mueren, ese concepto occidental para ellos es la encarnación animista del silencio y era práctica común dejar a los muertos en la entrada de sus tiendas nómadas para recordar el lugar que había ocupado cada familia cuando vuelven en busca de pastos a ciertos territorios. Hablan con los difuntos, les hacen ofrendas e interpretan la “muerte” como una bendición. Los difuntos son los que mejor hablan el idioma nunavik. tampoco existe “vida”, los nunavikmmuit han existido siempre y no hay diferencias entre individuos, muchas mujeres yacen con muchos hombres indistintamente, y los hijos son los hijos de los hijos de los nunavik. No hay colores, solo el blanco que tiene más de cien matices, así como los tipos de hielo que pisan, o el agua glaciar en que vienen sus presas. La nieve es la diosa que cubre todo, por eso viven siempre en sus dominios, no existe el concepto “calor”, “verano”, “nuestro”, o “literatura”, que es una herejía de otros nunavik más al sur, terribles heresiarcas. no tienen país, pues no saben francés y afirman no saber qué es Canadá, no obstante, sí saben dónde está Groenlandia (Kalaallisut), ᐃᓄᒃᑎᑐ se escribe en su idioma moderno y urgente que detestan, aunque ellos no lo escriben por el temor a ser leído y, por tanto, que alguien lo hable sin su forma única. Afirman proceder de allí en un tiempo lejano, y algunos creen vivir aún allí, en Groenlandia, porque el “espacio” es un concepto lábil para ellos. su último dios fue un niño que nació sin paladar y con labio leporino, porque no podía hablar y cuando lo intentaba, nadie lo entendía. Alguien tradujo su llanto antes de morir[...]”
Journey to Perpetual Ice. 1867
En Blurb. Joaquín Fabrellas.
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